Cuando se piensa en la Navidad de inmediato uno es transportado al pesebre, la escena con los animales de granja, la estrella brillando en el firmamento, los pastores contemplando al bebé que ha nacido. Sin embargo, esta es también la historia de dos jóvenes para casarse. Partiendo de este hecho y a riesgo de rozar tenuemente los límites del terreno de la conjetura, examinemos un poco este relato en Mateo 1: 18-25 con otro lente.
La decoración de este hogar
Ella probablemente era menor de edad y él no tendría más de veinte años, ambos vírgenes, recién comprometidos y enfrentando una situación con la que muchas parejas han lidiado: un embarazo no deseado, agravado por el hecho de que el bebé por nacer no era de él y que, además, ella muy probablemente defendería su inocencia con dolor.
Francamente, esta no sería una historia para acompañar la mesa el día veinticuatro rodeado de jamón, rosca y tamales de pechuga de pollo (sin pasitas). Esta escena muestra vergüenza, desconcierto, dolor, decepción, crisis, en suma, una Navidad decorada de tristeza hasta ese momento (vv.18-19).
Haciendo un paréntesis, recordemos que María ya estaba al tanto de todo lo que iba a suceder:
“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús”. Lucas 1:31.
Un gesto de amor valiente
José decide romper el compromiso. En esa época el estar desposado era equivalente a comprometerse para luego casarse formalmente. Era algo sumamente serio, había un pago por parte del novio hacia la familia de la novia; este compromiso podría durar hasta un año, pero sin ningún tipo de intimidad. Desde luego, cualquier tipo de intimidad sexual fuera de este compromiso era considerada como adulterio. En el caso de María y José, probablemente no tuvieron tiempo para estar a solas antes de ir al empadronamiento ya que no era bien visto en Galilea. La conclusión humana es que ella fue adúltera.
En el siglo I, contexto en el que se desarrolla esta historia, a él le correspondía divorciarse y dar por terminado el compromiso con María, exponiéndola a vergüenza pública, aunque ya rara vez llegaba a la pena de muerte. No obstante, él decide dejarla secretamente; esto se hacía mediante un documento y dos testigos, para no hacer más pública la deshonra. Ahora bien, ¿era correcta la decisión de José de no querer exponer la infidelidad y adulterio de su prometida? O, ¿acaso no estaríamos ante un José quien a pesar de la humillación decide amar a María de esa forma?

El cielo se hace presente
En medio de la pesadilla que estaba viviendo, José recibe la mejor noticia que pueda escuchar un hombre en su situación:
“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (v.20).
El ángel se le revela al novio y le da instrucciones puntuales: no tengas miedo de recibirla. José hasta aquí estaba actuando por lógica, en buena voluntad, buscando ser justo ante la ley al romper el compromiso (Deuteronomio 22:20-24), pero no estaba actuando bajo el plan de Dios. Ser fiel a Dios no es asunto de dejar lo malo y hacer lo “bueno”, sino de hacer su voluntad. La segunda orden del cielo es: lo llamarás Jesús (v.21). Si hacemos un alto aquí esto pudo sonar abrumador para el joven José, pero obedeció con valor y fe.
Aquí empieza a cambiar el panorama con esta tremenda noticia: ¡El Salvador, Cristo, el Mesías prometido viene en camino, nacerá en tu familia José!
Superior a una película navideña en streaming
Mi muy estimado lector, ¿es usted una persona soltera que anhela casarse? Este pasaje nos brinda un estándar de noviazgo admirable: el Señor guiando y usando a esta pareja para sus planes eternos. El Espíritu Santo fue determinante en su historia de amor, artífice de las decisiones de la pareja. Esa es la clave para un noviazgo exitoso. José y María le creyeron a Dios.
“Cuando José despertó, hizo como el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María por esposa” (v.24).
En este relato hay muchos elementos sobrenaturales como ángeles, visiones, la Trinidad, profecías cumplidas, pero también fe, obediencia, amor y compasión. José era un hombre justo, reitero, y pudo optar por exponer a María, pero no lo hizo. Aunque conocía por la ley la importancia del compromiso decidió lo menos escandaloso para ella. Estaba siendo un ejemplo de amor y compasión para María. Esposos, este es un digno modelo de carácter, no muestra ni un ápice de machismo egoísta.
Historias así no se ven en el catálogo de películas navideñas románticas en las plataformas de streaming de hoy. Eso es ficción, adornada con copos de nieve, finales cliché y en donde todas las circunstancias se ordenan mágicamente para que vivan felices por siempre. Al contrario, Mateo nos da un relato intransmisible, no concebido por los cuentos de Disney+ ni las historias de Lifetime, sino centrado en Emanuel, en Jesús.
Amor en el pesebre
Toda relación de pareja cristiana está llamada a lo sobrenatural, a ser parte activa en el plan divino del reino de Dios. Si quitamos a Jesús de esta historia, se convierte en una pesadilla; pero con Él en el centro, es bendición y gloria en las alturas. Considero pertinente preguntarse:
- ¿Qué evidencia que Jesús es el Señor de nuestra celebración navideña en familia?
- Al mirar a José, es inevitable preguntarme: ¿de qué manera mi comunión y dependencia de Dios influyen en el liderazgo que ejerzo como esposo? ¿Coincidiría mi respuesta con la de mi esposa?
- Como noviazgo, ¿buscamos juntos la voluntad de Dios o solo lo que consideramos bueno? ¿Es nuestro noviazgo un instrumento del Espíritu Santo?
Sin duda, Mateo capítulo 1 es un pasaje que se verá con frecuencia en esta época; aun quienes no asisten a ninguna iglesia lo reconocen como parte de la cultura con la que todavía se celebra la Navidad. Esta joven pareja tuvo un papel crucial. Que este mes siempre sea una oportunidad para celebrar y adorar al Mesías y que eso moldee nuestras relaciones.
¡Feliz y romántica Navidad!

