Hace un par de semanas terminó el Mundial de Fútbol celebrado en Norteamérica. Desde 1930 de forma casi ininterrumpida se celebran los Mundiales de fútbol. Quizás, junto con las Olimpiadas o el Super Bowl, sea una de las competencias deportivas que genera más atención a nivel mundial. En definitiva, una competencia dentro y fuera de la cancha que expone el corazón no solo de los jugadores sino también de los fanáticos en general. En este mes observé desde jugadores orando y dando reflexiones motivacionales hasta jugadas malintencionadas, así como formas de celebrar, fanáticos debatiendo e incluso atacando a jugadores o a países que compiten. A quienes nos gusta este deporte y, además, vemos participar a nuestra selección en esta edición sin duda nuestro análisis futbolístico desde el fondo del corazón se ha hecho presente.
En el evangelio de Lucas en el capítulo 6 se nos ofrece un “VAR” (árbitro asistente de video, en español) del ser humano, examinando cómo nuestras palabras, publicaciones y formas de expresión son un indicativo para saber cómo está nuestro corazón. Leemos (v.45):
El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.
La forma en que nos expresamos de tal jugador, jugada, resultado o incluso de alguna decisión arbitral, refleja nuestro corazón. De cualquier modo, no se trata de decir cosas bonitas o imparciales para influir en nuestro corazón y mentalidad, sino que, puesto que cuidamos nuestro corazón, eso se reflejará hasta en cómo opinamos de un partido de fútbol o competición. Ahora bien, cuando logramos rendir nuestro corazón y nuestra vida a Jesucristo por fe, toda nuestra perspectiva de la vida es transformada, inclusive el ámbito deportivo. Recientemente escuché a unos jóvenes líderes hablando sobre el Mundial 2026, en el que planteaban incluso el mostrar compasión con los jugadores. Otros planteaban que, como discípulos de Cristo, podíamos aprovechar los partidos y el momento para crear espacios de conversación en los que hablar del evangelio.
Los eventos deportivos ofrecen una perspectiva única; al observarlos, descubrimos elementos que reflejan oportunidades para meditar en verdades bíblicas aplicables a nuestra vida: justicia e integridad en las decisiones arbitrales, misericordia en el fair play, respeto al dirigirse a un oponente, dominio propio al celebrar, prudencia al ir por una pelota dividida, amor al prójimo ya sea compañero o rival, entre otras. Además, la Biblia utiliza mucho el lenguaje deportivo y de disciplina para hablar de la vida de fe, de la carrera de la fe a la que estamos invitados.
Toda esta cosmovisión del Mundial de fútbol es posible únicamente al experimentar el poder de Jesucristo, tal como lo expresó alguien a quien le encantaba hablar de competiciones, leemos en Romanos 12.2:
No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.
Transformación que abarca a todo el ser, y que progresivamente afecta de forma sobrenatural el corazón, mente y toda la persona que acepta seguir a Jesucristo. En consecuencia, un jugador o aficionado transformado por Jesucristo no es aquel que levanta las manos al cielo cuando anota un gol o se persigna al ingresar al campo, sino que refleja el carácter o los frutos, como menciona nuestro pasaje principal de Lucas 6 (v.43), dentro y fuera de la cancha. Insisto, al competir muchos de nosotros ponemos a prueba nuestra madurez espiritual; en ese sentido es contradictorio ver a un adorador del Dios verdadero caer en un fanatismo idolátrico hacia uno u otro jugador, o por clubes que ni siquiera pertenecen a su continente. Absurdo.

En días pasados un amigo me cuestionaba sobre qué haría yo como cristiano si estuviese como último hombre en la defensa y tuviera que cometer una falta para impedir un gol; esto me lo decía pensando en la jugada del gol anotado a Panamá en el partido contra Ghana en donde la jugada se da casi por la banda izquierda. Ya sabemos que jugadas similares en partidos de nuestra selección se han dado anteriormente costándonos la derrota dolorosamente, el caso contra Estados Unidos en 2013 quedando eliminados del repechaje al Mundial es un ejemplo. Le di mi punto de vista acerca de que tendría que pensar en cómo reaccionaría Jesús, e intenté redireccionar la conversación hacia ese punto. Se podría esperar una falta táctica en situaciones así, pero no una entrada agresiva que destruya al otro y seguir insistiendo en que es fruto del buen tesoro de nuestro corazón porque sería ilógico (lea Lucas 6:44).
Aproveche estas oportunidades para disfrutar del deporte si lo desea, pero hágalo con un corazón conectado al Señor, buscando conversaciones para compartir de la fe y mirar con compasión al que apoya a uno u otro equipo.

