Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
Juan 18:10.
“No voy a la iglesia porque hay puros hipócritas”. Es muy probable que hayamos escuchado comentarios como este en alguna ocasión. Tengo conocidos que tienen cierto rechazo por la iglesia debido a creyentes que han mostrado actitudes contrarias a la fe y a los valores cristianos. Todos estamos propensos a ser hipócritas debido a nuestro pecado, necesitamos aferrarnos al Señor para vivir la fe que profesamos en él. En este artículo intentaremos reflexionar un poco al respecto.
El cristiano con arma blanca
El evangelio de Juan en su capítulo 18 así como el resto de los evangelios, nos ofrecen la escena del arresto de Jesús por parte de las autoridades judías; esto se da en medio de mucha tensión y angustia. Un grupo armado de alguaciles y soldados llega al patio donde estaba el Señor con los discípulos para llevárselo. Pedro, preso de la desesperación y el enojo, reacciona atacando al siervo del sumo sacerdote llamado Malco, cortándole la oreja violentamente.
Craso error de Pedro. Si no hubiese recibido la enseñanza y el ejemplo de Jesús tan íntimamente, sería totalmente entendible, no obstante, en el caso de Pedro no se justifica, él debía responder de otra forma, con compasión, autocontrol y misericordia, tal como Jesús les enseñó y modeló (ver Lucas 9:53-56).
Una amiga me comentó de una situación en la que unas compañeras de trabajo suyas se fueron a los golpes a la salida del trabajo, tuvieron que intervenir otros compañeros para separarlas. Una de ellas era creyente. Difícilmente esa hermana podrá organizar un grupo de oración en su trabajo.
La respuesta de Jesús
El Señor en el acto interviene luego de la agresión del apóstol hacia el siervo del sumo sacerdote. En el evangelio de Lucas 22:51 leemos:
Entonces respondiendo Jesús, dijo: Basta ya; dejad. Y tocando su oreja, le sanó.
Cuando nos encontramos con alguien que ha sido herido o decepcionado por otro creyente, quien representaba a la Iglesia en ese momento, nuestra respuesta debe reflejar la de Jesús: sanar, restaurar y amar.
Malos líderes, pastores soberbios, cristianos con doble agenda, escándalos sobre manejos financieros o inmoralidad, entre otros, son detonantes que hieren “Malcos”. Este hombre experimentó lo peor de un discípulo, pero también lo más hermoso y tierno del Maestro.
Nada justifica tomar iniciativa mediante la violencia o agresividad de parte del creyente. Pedro, aun viendo como arrestaban injustamente a Jesús, no estaba avalado para hacer eso, de hecho, Jesús le cuestiona para que analice que si hiciera falta él tendría a su disposición un ejército de ¡miles de soldados celestiales! quienes vendrían en su defensa al instante (Mateo 26:53).
¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?
¿Qué debemos hacer ante los que hieren?: reprenderlos como Jesús.
¿Qué debemos hacer ante los que son heridos?: restaurarlos como Jesús.
Mi respuesta
Hace dos años me encontraba en una cancha sintética y me topé con una joven que asistió al mismo grupo de jóvenes que yo hace unos años. Noté que cuando cruzamos miradas ella no se mostró muy feliz de verme. En la época cuando ella se congregaba yo era líder de jóvenes o eso pretendía. Ella conoció una versión de Amílcar sumamente inmadura y aunque no éramos tan cercanos puedo comprender su reacción, quizás si mi carácter hubiese sido más como el de Cristo se habría acercado a saludar o, yo me hubiese atrevido a acercarme. Tal vez.
Si a ti en el pasado te ha hecho mal alguien de una congregación evangélica, permíteme ofrecerte disculpas, en nombre de un cristiano pecador, si te han lastimado u ofendido de tal forma que no quieres saber nada con la iglesia o religión e incluso Dios. Perdón. Te invito a que no permitas que un Pedro impulsivo e inmaduro sea un pretexto que te aleje de la bondad del Señor Jesús. Yo mismo probablemente lastimé u ofendí a uno que otro en el pasado con mi actitud pretendiendo ser “santo y recto”.
Por otra parte, nosotros como Iglesia, procurando vivir en fidelidad y santidad, es inevitable que algunos se incomoden con nosotros o nos rechacen; no a nosotros realmente sino a Jesús. Cuando el cristiano brilla de forma genuina, las tinieblas se incomodan inevitablemente. Primero buscamos agradar a Dios, pues solo así recibimos la capacidad de amar verdaderamente al prójimo.
Tu respuesta
Si eres o has sido como el Pedro de esa noche, impulsivo e hiriente con otras personas, creyentes y no creyentes principalmente, te invito a que le confieses esa actitud pecaminosa y dura al Señor, y te permitas ser transformado por su poder. El apóstol Pedro que aquí mostró una de sus facetas más inmaduras y carnales fue quien escribió lo siguiente unos años después (1 Pedro 4:14; 5:14):
Dichosos ustedes si los insultan por causa de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios está siempre con ustedes.
Salúdense unos a otros con un beso de amor. La paz sea con todos ustedes que están en Cristo.

Es otra persona, transformada por el Espíritu Santo progresivamente. Ya no era la violencia con espada la que dominaba a este hombre sino la paciencia al soportar vituperios y brindar besos y cariño a los hermanos en Cristo. Nuevamente, permite que el Señor trabaje en ti para que los demás, al verte, vean compasión y ternura, y ya no a aquel cristiano que provoca alejarse de un templo, sino que tiene un amor magnético porque se parece a Jesucristo.
¿Se toparía Pedro con Malco de nuevo? no lo sabemos, pero no dudo que le hubiese ofrecido disculpas y llenado de afecto con el evangelio de la salvación.


Excelente reflexión, todos en algún momento de nuestras vidas hemos golpeados o decepcionado a Malcos, Dios nos haga ser consciente de nuestras acciones como discípulos suyo y nos ayude a sanar, consolar y restaurar a los que hemos ofendido.
Así es, que podamos ser como Jesús en esos casos.
Gracias Greiza por el comentario.
¡Saludos!