No lo sé todo, pero sé Quién me acompaña

Conociéndolo y siendo llamada por él

Mi historia con CEC comienza en la iglesia. En el 2017, a mis 13 años de edad, acababa de tomar la decisión de entregar mi vida por completo a Cristo en un campamento de verano. El resto de ese año me sumergí en la Palabra de Dios, y a través de discipulado con mis pastores de ese entonces, cada día aprendía y me enamoraba más de Jesús.

Durante la Semana Santa de ese año, mi iglesia preparó jornadas evangelísticas y conferencias, y la mayoría de los voluntarios éramos del grupo juvenil. Cada tarde de esa semana recorrimos las calles de la ciudad entregando tratados, orando por las personas e invitándolas a las conferencias de las noches. Esa experiencia me llenó de una valentía y un deseo inmenso por compartir el evangelio a mis compañeros en la escuela. ¿Cómo podían dejar pasar la oportunidad de conocer a un Dios como éste, que ama incondicionalmente, sana las heridas y restaura vidas?

¿Coincidencias o “Diosidencias”?

Pasada esta actividad conversé con varios chicos de mi iglesia que iban a la misma escuela que yo. Descubrimos que todos teníamos el mismo deseo en nuestro corazón y necesitábamos hacer algo en la escuela para llegar a nuestros compañeros. Fue aquí donde apareció CEC. ¿Cómo? A través de unos de chicos universitarios que anunciaron frente a toda la congregación que harían un viaje internacional en el que iban a representar a “CEC Panamá”. Nos explicaron cómo ellos llevaban a cabo reuniones de estudio bíblico en sus universidades, hacían jornadas evangelísticas, oraban por sus compañeros y los discipulaban.

De ahí, nos pusieron en contacto con la que fue nuestra obrera o asesora estudiantil. Así, comenzamos a reunirnos en mi escuela por 20 minutos semanales para estudiar la Biblia. No éramos muchos, y cada semana cambiaban los participantes del estudio bíblico, pero yo notaba cómo la semilla de la Palabra quedaba en los corazones de mis compañeros. Y luego, entre clases, me hacían preguntas sobre Dios o sobre la vida que nunca me habían hecho antes. Sí, había momentos de tensión porque oficialmente ya todos sabían que era cristiana y que lideraba un grupo de estudios bíblicos, así que siempre me tenían en la mira. Pero todo valía la pena por ver esos pequeños destellos de Dios trabajando en la vida de mis compañeros.

Sin saber qué hacer en la pandemia

Pasaron los años y los chicos que eran parte del equipo de líderes de la célula finalmente se graduaron, y yo los relevé como líder (en mi último año de bachiller y durante la pandemia). Durante ese difícil año de incertidumbre y distanciamiento, CEC fue un regalo de Dios para mí. A pesar de la distancia, mantuvimos esas relaciones profundas que nos unen, compartiendo online y orando unos por otros; y gracias a todo ese amor y dedicación, nunca me sentí realmente sola.

Los líderes de escuela secundaria de CEC a lo largo del país nos unimos para formar un solo grupo de estudios bíblicos. Fue una experiencia emocionante formar equipo con ellos, planificar y buscar la manera de estudiar la Biblia con nuestros compañeros y hacerlo de manera dinámica; primero por WhatsApp y luego por Zoom.

Sin saber qué hacer en la universidad

Gracias a Dios, me gradué de la secundaria y fui a la universidad. En mi primer semestre, solo participaba de algunos estudios bíblicos virtuales de la célula de la facultad de Comunicación Social, ya que aún me estaba adaptando a la vida universitaria. Ese era el último año del líder de la célula que estaba pronto a graduarse, y poco a poco me tiraba indirectas para que yo lo reemplazara como líder, las cuales yo esquivaba siempre ya que sabía lo pesado que podía llegar a ser el trabajo del líder estudiantil; y francamente, yo solo quería ser una participante que ayudara cuando pudiera. Pero me convenció cuando un día me dijo: “Mira, ¿cuántos años vas a estar en la universidad? ¿Cuatro, cinco años? Al final, cuando mires hacia atrás, vas a ver que ese tiempo se fue en un abrir y cerrar de ojos y que nunca va a regresar; y te vas a preguntar qué hiciste por llevar el evangelio a todos los que conociste en la U. Dedicarle estos años al Señor va a ser una de las mejores inversiones de tu vida.”

Y fue así como terminé en mi rol actual en CEC. Tenemos un grupo de estudios bíblicos en mi facultad, en el cual disfrutamos tiempos de compañerismo, estudiamos la Biblia y oramos unos por otros. En ocasiones también realizamos jornadas evangelísticas, donde usamos diferentes estrategias y temas para finalmente direccionar a los estudiantes a la verdad del evangelio. En nuestro grupo tenemos chicos creyentes y no-creyentes, y ha sido muy emocionante ver a estos últimos tan dispuestos a conocer más sobre Dios.

Sin saberlo todo, pero siguiendo adelante tomada de su mano

Recientemente tuve la oportunidad de viajar a Indonesia para participar de la Asamblea Mundial IFES*, representando a los estudiantes cristianos de Panamá. Escuché muchos testimonios de pioneros de la obra estudiantil alrededor del mundo compartiendo cómo conocieron a Cristo gracias a “un compañero de la universidad”, incluso habiendo crecido en ambientes ateos o de otras religiones. Aprendí y conocí muchísimo; pero lo principal que pude observar fue cómo el mundo está sediento de Cristo, y la universidad es un terreno muy fértil que Dios ama y donde quiere ver fieles testigos de Su gloria.

Como mencioné, hacer misión en la universidad es retador por muchas razones, pero conocer a chicos de mi edad provenientes de países sensibles (con limitaciones para compartir el evangelio), y aun así con tanta pasión por la obra estudiantil, me hizo recordar que todo vale la pena y que en medio de la dificultad Dios nos acompaña y nos sostiene. Aunque haya momentos donde las cosas se ponen tan difíciles que me cuestiono por qué hago lo que hago, sé que esta labor tiene un impacto eterno y que los pequeños sacrificios que hago ahora “… en nada se comparan… con la gloria que habrá de revelarse a nosotros.” (Romanos 8:18b – versión NVI)

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*IFES: International Fellowship of Evangelical Students. Son las siglas en inglés de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos. Se realiza periódicamente una asamblea a nivel global con líderes estudiantiles.

Imagen portada: Unsplash | Imagen cita: Unsplash

Autora Invitada: Natalie Jordán


Nació el 5 de marzo de 2003 en Panamá. Es estudiante de Diseño Gráfico en la Universidad de Panamá desde el 2021, y también líder estudiantil en CEC Panamá. 

Le gusta pasar tiempo con su familia y amigos, ama servir en campamentos, aprender nuevos idiomas, leer y tocar el ukelele.

Actualmente vive en La Chorrera con sus perros Preciosa y Cookie y sus muchos gatos.

2 comentarios en “No lo sé todo, pero sé Quién me acompaña”

  1. Keila Avilés

    Wow Natalie!! Tremendo testimonio. Alabo a Dios por tu vida y la obra que está haciendo a través de ti! Ánimo!! Dios honra a los que le honran. 🙌🏽✨

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